sábado, 15 de diciembre de 2012










UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
MASTER EN ESTUDIOS AVANZADOS EN FILOSOFÍA

ASIGNATURA:  LÓGICA Y FILOSOFÍA DEL LENGUAJE
Profesora: Cristina Corredor



Disertación sobre el lenguaje de  la danza contemporánea a propósito de las lecturas: Las tradiciones continental y analítica en Filosofía: algunos puntos de encuentro y desencuentro de Cristina Corredor y El lenguaje como horizonte de una ontologia hermenéutica, de H.G. Gadamer.


Leyson Ponce Flores
Caracas 15 de diciembre de 2012 







Esta disertación se presenta como reto porque intentaré desde la lectura de Verdad y Método de Gadamer en su capitulo 14: El lenguaje como horizonte de una ontología hermenéutica, y Las tradiciones continental y analítica en filosofía: algunos puntos de encuentro y desencuentro de Cristina Corredor, posicionar desde esa revisión el lenguaje de la danza: área donde me he desempeñado como creador por más de treinta años y que ahora sobre un plano de consideraciones filosóficas esbozaremos quizás ciertos componentes del descubrimiento creativo, del lenguaje, de los valores epistémicos y de la hermenéutica.



Situándonos en el lenguaje de la danza

Este análisis lo escribo no desde la distancia que impone el objeto de estudio: sea éste el desconocimiento de lo que significa  danza contemporánea o la semántica y el lenguaje donde tiene su origen. Por el contrario, en mis estudios de  especialización en composición coreográfica, conviví durante cinco años con esta experiencia de movimiento y de lengua. Particularmente la coreógrafa más emblemática de este estilo de danza; Pina Bausch[1]  y sus discípulos, fueron mis maestros y mayores referentes. Por ello, ahora, distendido el tiempo para volver a los orígenes y no olvidar en el sentido de síntoma  Nietzscheano (y permítame esta metáfora), acercarnos  a una  relación que propongo como  consideración o problema  para tratar metafóricamente el movimiento en el movimiento como una forma de meta metáfora,  y  así, enunciar la fuerza de esa transferencia (epiphora) aristotélica,   que se podría definir  como    silogismo metafórico, cuando la experiencia de volver movimiento el deseo y la acción del deseo es  representación “mímesis”  de un   descubrimiento creativo que se vuelve lenguaje en el más puro horizonte  hermenéutico de Gadamer.




“El origen de la danza es un exceso de vida”
Paul Valéry

La danza  labora en lo  sobrante de  la vida, sin ese espacio sobrante sería solo vida sin excesos. Por eso la danza se sobrepone a una vida limitante, porque es en ese “extra”  donde trasciende lo ordinario rompiendo con el  tiempo en su linealidad, creando un sobre tiempo  en su  energía y con ello  movimientos que intentan  constantemente  llenar el espacio de la incertidumbre.

¿Deberá entonces entenderse lo que está  más allá  de la vida  como la muerte misma?.
 Podemos comprender lo que sobra como un “resto” que   utiliza la vida para que la expresión más pura  del movimiento descubra formas vitales del inconsciente como códigos de un lenguaje del alma. La danza entonces es vida en la  vida, no acepta el habla  de la conciencia, utiliza  ésta  para editar los sonidos de un discurso que visualiza su contenido en la trascendencia, como un rebote, como un desafío a librar en tiempos  de contrastes y de esquizofrenia de la información.


La frase que ha motivado el inicio de esta reflexión ha partido del análisis que hiciera Paul Valéry sobre el arte del movimiento. No nos deja de maravillar su ubicación en la  metáfora del espacio cuando nos sitúa en el exceso como una extra fuerza creadora, como trabajo de todos los sentidos, más allá del cuerpo: la resonancia.

Si bien el acto de observar la danza ha generado en grandes pensadores la inquietud de dialogar con ella desde la palabra como una prolongación del movimiento, la expresión de lo indecible no deja de ser un acertijo de múltiples interpretaciones y nos ubica en la gran paradoja de comprender que nombrar la danza tiene el pecado de limitar la trascendencia de su configuración, pero hacemos de ella una hermenéutica como la suma de sus metáforas.

La danza centra su vivencia  en el inconsciente del creador, pero esta vivencia es una contradicción  entre la conformidad de la imagen y la inquietud  por comunicar algo que pareciese  innombrable como la esencia del Di-s Judeo Cristiano. Son las composiciones métricas o acepciones de la palabra lo que podría permitir acercarnos a lo indecible del movimiento como un parafrasear en el vacío. Así emerge el gesto como codificación de ese silencio. ¿Pero es este gesto una acción corpórea únicamente?, no lo creemos, compartimos más bien la idea de pensar este gesto como una apertura al misticismo, a transitar por el  éxtasis místico para ser más exactos, comparado éste al mismo orgasmo: a lo extenuante.

El gesto es una acción que perfila la literalidad, puede regodearse con el detalle, pero en sí, no posee identidad propia sino la infundida por la danza como impulso  de vida.

La danza como instrumento  de reconocimiento a si misma: el impulso de vida.

El acto de nombrar lo indecible es un ejercicio  de revelación. Cuando intuimos con la danza, esta nos sitúa  en la fragilidad de su origen.  Surge entonces la forma  que enuncia y dibuja  el destello de la creación. Un coreógrafo  es  la estancia de una mirada. Reestablece un equilibrio que pareciese perdido en el inconsciente, de esta manera nos otorga un sistema intrincado de resoluciones que conforman un orden escénico estructurado en  el pensamiento  del convocado. Esta estructura  que mencionamos no es otra cosa que la codificación del decir en el vacío. Entonces, codificar en la danza podría significar el establecimiento y orden de lo significado por el cuerpo. Significante y significado trascienden el equilibrio que modula todo idioma en su sonoridad establecida, en la danza esto es un transito movible que gira hasta el propio vértigo del intento por recuperar lo que somos en lo que tenemos: la comunicación.

Un coreógrafo sintoniza con sus cuerpos e  invierte las cosas de la vida para hacer que haya más vida. El impulso creador es comunicación porque enuncia y es enunciado. Se enuncia desde lo que somos y somos aquello que, desesperadamente moviliza el orden de las cosas con la pretensión de crear nuevas cosas. Ahora esta cosa a la que hacemos referencia es el intento por hacer real ese orden. Jaques Lacan teoriza generando un concepto de la cosa o  “Das Ding” a un algo muy profundo en el inconsciente e imposible de ser conocido por el sujeto  ( de allí que sostiene su cualidad real), e introduce el concepto del objeto  que puede ser transformado. Lacan dice: “ …en la sublimación se eleva el objeto a la dignidad de la cosa…” .
Con respecto a la sublimación Lacan se sostiene en la figura de la metáfora, en la cual hay una transformación del objeto.
Cuando aparece la sublimación del movimiento como metáfora es cuando aparece el verdadero acto creador.

Lo que sucede entre la danza y la palabra

“El universo debería culminar en la hechura de un libro”
S. Mallarme

La palabra queda desnuda y desolada en el espacio. ¿No sucede con el bailarín interpretando el movimiento?. ¿No es el cuerpo para la danza la palabra en el espacio?. La palabra esta detenida en el papel pero la danza se detiene en la memoria, entre lo detenido del movimiento y lo detenido de la palabra, recogemos la imagen que retenemos los lectores y espectadores como una imagen para ser proferida.

El espacio es algo vivo y en la danza labora en la memoria. Para los danzantes el contenido espacial es un adentro y un afuera donde el cuerpo debe ser un instrumento contingente que intente equilibrar ambas dimensiones de lo exterior y lo interior. El cuerpo es entonces el margen concreto entre lo que pienso y lo que hago.

El universo de la danza es una limitación muy peculiar, porque nuestro espacio en la creación posee su materialización en la memoria. Somos arte intangible, pero esa cosa efímera del arte en movimiento es el universo concreto de su representación. Los limites de la danza son infranqueables, nos atrevemos  a enunciar de manera muy disímil a la relación que hiciera Mallarme en el nacimiento de un libro, que el universo de la danza jamás terminara en la coreografía, porque ésta es un cúmulo de imágenes del cuerpo más allá de la vida, en un espacio donde la palabra todavía está  como imagen para ser proferida.

Siguiendo  el orden del articulo vienen interesantes preguntas sobre si podríamos considerar a la danza como un lenguaje?.Si bien se destaca que el lenguaje abarca la experiencia del mundo, no podemos descartar que las artes y en este caso la danza precisamente revitalizan el carácter hermenéutico por medio del cual discurre la manera de decir y desentrañar al mundo. ¿Cuál es la estructura de la comprensión como tal? ¿Qué características posee el tipo de apropiación facilitada por la comprensión, a través de la cual se nos abre la posibilidad de hacer experiencia del sentido y la verdad?. Tomo como referencia lo descrito en la página 567 en el subcapítulo 3 El aspecto universal de la hermenéutica, donde se señala que el lenguaje es un centro en el que se reúnen el yo y el mundo y en el que ambos aparecen en su unidad originaria. Sobre este punto entonces podríamos inferir que la hermenéutica es orgánica y viva y completamente una actividad practica que se mueve entre dos formas de lenguajes y aquí quizás para los que no conozcan el lenguaje de la danza esta estructurado sobre la base de signos y estructuras lingüísticas que describen técnicamente una acción o logos convertible en sentido en quién la contempla. Por ello esta muy lejos de ser un lenguaje artificial. Si podemos también inferir que es un lenguaje abstracto que emerge de otro lenguaje pero lo trasciende, por ello cobra identidad y pertenencia en su sentido. Entonces cerramos con la danza un circulo hermenéutico lleno de niveles de sentidos y productor entonces de aquello que llamamos comprensión. Si podemos decir que el hombre que puede ser comprendido es lenguaje no lo podemos separar también al principio que el hombre que puede ser interpretado y comprendido es movimiento. Si la palabra es la propia determinación del lenguaje, el movimiento lo es al lenguaje. Las formas del cuerpo tienen el poder de mover los sentidos y de determinar espaciados significantes.  En la lectura de la filosofa Cristina Corredor sobre El lenguaje y el método de la interpretación en Gadamer y Davidson, hace alusión a las tres ideas fundamentales en que ambos científicos estaban de acuerdo como: el pensamiento requiere del lenguaje. Que el lenguaje es esencialmente Inter subjetivo, y que el lenguaje nos hace estar en el mundo. Pero quizás la teoría de Davidson en cuanto que el dialogo no necesita de un lenguaje compartido para que exista un acuerdo nos lleva a reflexionar a que esto se aproxima mucho más a la danza como generadora de sentido. Pero hago la salvedad en algo muy peculiar, Davidson se refiere a la comunicación como transferencia de información y que la comprensión esta referida a la obtención de un conocimiento correcto. Con esto pienso que Davidson establece una clara separación entre la hermenéutica y la epistemología a diferencia de Gadamer que las integra. Una definición de arte del filosofo Alfredo Marcos de la Universidad de Valladolid y que reflexiono ahora como un estandarte es ;  que arte es una  suerte de investigación con fines epistémicos de lo real posible. Con esta definición apuntamos a una ontología de la vida en el momento que integramos todo a la experiencia y al lenguaje.

Gadamer sostiene la idea que todo enunciado tiene su horizonte situacional y su función de interpelación, y que   la historicidad dará como resultado que el ser posicionado en el mundo y en el lenguaje es una infinitud de posibilidades finitas. No deja el lenguaje de la danza poseer una verdad situada. Han sido muy reveladoras estas lecturas en cuanto a la analogía que establezco con la danza como una forma de lenguaje bien situado en ese horizonte gadameriano. No separo una producción epistémica de este arte integrada a una hermenéutica como dialogo, sentido y comprensión. En la danza la metáfora es la clave que pronuncia el mundo en movimiento. Tanto la epistemología como la hermenéutica utilizan la verdad como adecuación de verdad. Mientras una esta determinada por conceptos y marcos históricos la otra esta supeditada al individuo que emite una verdad para ser interpretada.

Sobre la interpretación me remito a Gianni Vattimo[2] cuando plantea “el problema de la infinitud de la interpretación en contraposición a la finitud del hombre, que no deja de ser otra cosa que la vieja disociación hegeliana de entre sí mismo y para sí mismo: la historia del espíritu”. Ahora resulta interesante eso  que llama Vattimo como saber y hacer refiriéndose a la historia como una historia enferma por la fractura existente entre hacer y saber. De allí se puede inferir en el hacer que la danza ha sido una herramienta por la cual en el intrincado proceso de interpretar la vida, ese hacer no es enfermo en tanto hacer sea reinventar la historia como una propuesta paradójica donde las metáforas sean su síntoma y su cura. En este aspecto Vattimo deja solo preguntas sin contestar: ¿Es posible que el hombre pueda vivir en la libertad de lo simbólico?, ¿Es posible la producción de símbolos sin que estos estén fundados en la estructura  represión/sublimación?.

Paul Ricoeur, a propósito del lenguaje instaura tres momentos que llama:  referencial,  dialógico  y  reflexivo y que una hermenéutica del mismo tiene una ambición veritativa.  También señala que debemos considerar todos los signos como mediaciones de una experiencia. En cuanto a lo referencial denomina mimesis o representación I, porque es allí donde se intenta tener comprensión previa del mundo y sus referentes. En lo dialógico o mimesis II, se establece la relación con el otro porque resignificamos la acción semióticamente hablando y como etapa de  reflexión esta la mimesis III donde  volvemos a simbolizar y resignificar el mundo, en una suerte de esfera hermenéutica gadameriana.


Para concluir permítame direccionarla hacia el formato del blog que he creado para este trabajo final donde aprovecharé la posibilidad de que pueda visualizar un video sobre un fragmento del trabajo “Hotel Inframundo” que acabo de concluir como coreógrafo recientemente en Caracas con la Compañía Universitaria de las Artes. Un trabajo coreográfico sobre la metáfora del movimiento, sobre lo que estoy investigando desde la filosofía a todo aquello que he vuelto movimiento en una investigación que he llamado cuerpo teatralizado. En esta oportunidad le anexare el fragmento referido “La Cantante Calva” de Eugene Ionesco a propósito del Teatro del Absurdo y de lo que implicó esta experiencia en plantear un recorrido vouyerista desde el espectador sobre un escenario a manera de habitaciones de hotel donde se desarrollaban las experiencias relativas a lenguajes dramáticos del siglo XX.  Particularmente este trabajo fue realizado con el uso de la palabra.





Fuentes
Corredor, Cristina. Las tradiciones continental y análitica en filosofía: algunos puntos de encuentro y desencuentro. Universidad de Valladolid. españa

Gadamer, H. G. 2002. Verdad y método II. Salamanca. España

Ricoeur, Paul.  El conflicto de las interpretaciones. Ensayos de hermenéutica, 3 volúmenes: I. Hermenéutica y psicoanálisis, II. Hermenéutica y estructuralismo, III. Introducción a la simbólica del mal, Asociación Editorial La Aurora, Buenos Aires, 1976

Ricoeur, Paul.  La Metáfora Viva.  Ediciones cristiandad 2001. España

Ricoeur, Paul Hermenéutica y acción. Prometeo Libros. Argentina 2008.
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Vattimo, G. 1995. Más allá de la interpretación. Barcelona: Paidós.

Vattimo Gianni. La sociedad Transparente.  Ediciones Paidos. 2005







[1] Coreografa alemana pionera de la danza neo expresionista. Fundadora del Tanz Wupertal
[2] Gianni Vattimo Las aventuras de la diferencia. Pensar después de Nietzsche y Heidegger. Ediciones Península. Traducción Juan Carlos Gentile. Barcelona 1986. Pág. 56